El día que las filas de miseria desaparecieron

FrogBlog

Acostumbrados a dar boronas del dinero obtenido dolosamente en las arcas públicas, los dirigentes del partido organizaron su tradicional entrega de limosnas a los pendejos que le eligen.

Adquieron varias productos que distribuyeron de a poquito en los envases: dos libras de arroz, sardinas en lata, habichuelas en lata, un vino que no es vino, 200 gramos de espaguetti, tayotas y otras menudeces.

Montaron la tarima justo en el mismo lugar de siempre. La policía se apostó desde el día anterior, preparados para la avalancha de personas que se avecinaba. Los camiones con las raciones estaban estacionados y la custodia era como para proteger un cargamento de la Barrick Gold.

Todas las medidas fueron tomadas. Dieron las diez de la noche del día anterior y nadie llegó. Cantó el gallo y nadie se asomó por el lugar con intención de recibir la limosna. El sol comenzó a calentar el suelo…

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